14 de octubre de 2016

Convertir hachas en alabardas y otras formulas alquímicas.

Un encargo que me hicieron hace tiempo y no lo había puesto por aquí. Se trataba de coger dos hachas de guerra decorativas y añadirles un trozo mas de barra para hacerlas pasar por alabardas.

Parecía un trabajo fácil pero me surgió una complicación inesperada ¿de donde saco una barra de madera de ese grosor? tras mucho buscar ( ¡mucho! no vaya usted da pensar...) tuve que comprar dos mangos de azada de 1,20 m de largo. Para disimular las uniones le puse un trozo de tubo de metal del mismo diámetro y en la parte de abajo le añadí un pincho.

 Primero juntamos todos los materiales: Dos hachas, dos mangos de azada, un tubo de acero y una varilla roscada.



 Lijamos la madera, cortamos cuatro tozos de tubo y cuatro trozos de varilla de forma que se pueda meter unos centímetros en la barra:



 Para hacer el pincho usé una base de plástico termoformable. Es un material interesante, si se moldea cuando esta caliente alrededor de la varilla se adapta perfectamente a la rosca y después se puede sacar la pieza desenroscándola:


El plástico lo cubrí con fibra de vidrio:


 Hay que esperar a que se endurezca:


 Entonces se puede lijar, darle una capa de masilla de carrocero para tapar fallos y pintar:


Un par de capas de tinte para madera:


 Y ya están listas para colgarse:


Espada de hierba de Finn el humano



¿Que hora es? ¡¡¡¡es hora de copiar!!!!
Esta espada es un experimento para ver que se puede hacer con plástico termoformable. Este plástico tiene unas propiedades muy interesantes: es reutilizable, se puede teñir, se trabaja con calor, queda duro y flexible.


Lo primero es buscar una imagen clara de la espada a copiar:


Hacer un patrón:


Teñir el plástico y darle forma. Hay que añadir tiente en cantidades muy pequeñas. Si no queda con la forma deseada a la primera se mete en la hoya y se vuelve a intentar.


Me hicieron falta 5 o 6 intentos para conseguir la forma de la hoja pero quedó decente. Lo que no pude copiar bien del todo fue el color, se parece mas al aloe vera que a la hierba.



21 de agosto de 2016

Arcabuz de principios del siglo XVI

La historia interminable es como debería llamarlo, he tardado casi tres meses en hacerlo. Cuando me preguntaron si podía hacerlo me lo pensé mucho, ya sabía que iba a ser complicado y me iban a salir algunos contratiempos, al final me salieron aún más contratiempos e imprevistos de los que me podía haber imaginado. Ya está bien de quejarme, vamos con la construcción:

Materiales:
Plancha de madera de pino.
Tubo de acero de 1 metro X 20 mm de diámetro.
Plancha de acero pequeña.
Vara de acero de 0.8 cm.
Vara de madera de 1,5 cm de diámetro.
Clavos de cabeza plana.
Clavos de cabeza perdida.
Plástico termoformable.
Tinte para madera.
Ácido muriático.
Agua oxigenada.
Convertidor de óxido.
Papel de lija de varios grosores.
Estropajo de fibra verde.
Lana de acero de 0000.

Herramientas:
Sierra de calar.
Formones de diferentes tamaños.
Escofinas.
Tornillo de banco.
Alicates, martillo, tenazas... lo típico.

Lo primero es buscar información, cuanta más mejor. Hay información útil en la wikipedia, en páginas de historia, réplicas de recreacionistas y películas históricas.

Ahora nos decidimos por el diseño. Este va a ser un arcabuz sencillo, tendrá una longitud de aproximadamente 1,40 cm, cañón de 1 m de largo, calibre de 17 mm, llave de mecha, rematado con tinte color nogal y las piezas metálicas en pavonado negro.

Se dibuja el perfil en papel, se calca sobre una plancha de madera tres veces y se cortan.


El corte central lo hice más fino y le preparé el hueco para la vaqueta. Lo hice así por un par de motivos, el primero es que no conseguí encontrar un trozo de madera lo suficientemente grande como para hacerlo de usa sola pieza. El segundo es que me ahorro muchos quebraderos de cabeza para excavar los huecos donde van el cañón y la vaqueta.


Se encolan las tres piezas y se dejan secar una noche entera.


La vaqueta irá alojada en un carril inferior y quedará sujeta por dos piezas de metal.


Se corta y lima el guardamanos hasta dejar los lados igualados. Para igualar los lados cogí una tabla, la llené de crema para los zapatos, la restregué por encima y así quedó manchada toda la zona que sobresale, ahí es donde hay que limar.




El cañón de este arma en teoría debe de medir alrededor de un metro de largo, el grosor del metal de la zona donde se produce la deflagración de la pólvora debe de ser unas 3 veces el grosor del metal de la punta, no tiene elementos de puntería y tiene un pequeño orificio desde el cual se prende la pólvora. Como no tenía forma de hacer un cañón con estas características me limité a simularlo, así que corté un tubo de metal a lo largo hasta la mitad y lo abrí un poco. Ahora hay que limar un poco más hasta que encaje perfectamente en el cuerpo del arcabuz y ya que estamos, seguimos limando y lijando hasta dejarlo todo redondeado.



Los mecanismos de disparo de este arma son sencillos y los hice con una vara de metal y plástico.


Para doblar varas de metal de ese grosor sin esfuerzo y con algo de precisión me hizo falta usar un tornillo de banco y un tubo de metal solo un poco mas grueso que la vara a doblar. Se fija la vara en el tornillo de banco con la zona donde queremos hacer la doblez sobresaliendo, se mete el tubo desde arriba y se aplica un poco de fuerza.


Para doblar trozos pequeños de plancha metálica el sistema es parecido.




El metal se oxida, así que hay que protegerlo. La mejor opción que se me ocurrió fue un tratamiento químico para generar una capa de óxido negro sobre él. A todas las piezas les di un lijado con lija de grosor 120, grosor 80 y lana de acero. Para terminar lo metí todo a remojo durante unas 24 horas en una mezcla a partes iguales de agua fuerte, agua y agua oxigenada. Esto último es mejor hacerlo en un lugar bien ventilado y usando guantes, esta mezcla huele bastante mal, forma gases tóxicos y es corrosiva. También hay algunos metales que los corroe hasta el punto de disolverlos por completo, como me pasó con los clavos que metí, se ve que no eran de acero mezclado con algún otro material y desaparecieron. A los pocos minutos ya se estaba formando una capa uniforme de óxido negro.



 Para dejarlo totalmente negro también le di tres capas de convertidor de óxido. A la madera le apliqué un tinte color nogal. Lo último es clavar, encolar y pegar las piezas.



Bien hayan aquellos benditos siglos que carecieron de la espantable furia de aquestos endemoniados instrumentos de la artillería. A cuyo inventor tengo para mí que en el infierno se le está dando el premio de su diabólica invención, con la cual dio causa que un infame y cobarde brazo quite la vida a un valeroso caballero, y que, sin saber cómo o por dónde, en la mitad del coraje y brío que enciende y anima a los valientes pechos, llega una desmandada bala, disparada de quien quizá huyó y se espantó del resplandor que hizo el fuego al disparar de la maldita máquina, y corta y acaba en un instante los pensamientos y vida de quien la merecía gozar luengos siglos.
Don Quijote de la Mancha, cap. XXXVIII, Miguel de Cervantes Saavedra.